En marzo de 2020, cuando Chile entró en cuarentena y millones de personas comenzaron a trabajar, estudiar y vivir conectadas desde sus casas, pocos se preguntaron qué tuvo que pasar para que esa conectividad no colapsara. Mientras el país se encerraba, hubo quienes no podían dejar de salir. No por elección, sino porque sin su trabajo, las videollamadas, las clases online y el teletrabajo simplemente no existirían.
Armatec fue una de esas empresas. Durante toda la pandemia, de lunes a domingo, nuestros equipos salieron a montar y mantener la infraestructura que permitió que Chile siguiera conectado. Había miedo —claro que lo había—, pero éramos infraestructura crítica. Sin las plataformas que montamos en torres de telecomunicaciones a lo largo del país, muchos sitios simplemente no podían operar.
Por ese trabajo recibimos el Premio Carlos Vidal Espantoso. Pero más allá del reconocimiento, lo que aprendimos en esos meses confirmó algo que llevamos diciendo hace casi dos décadas: la conectividad no es magia. Es acero, hormigón, ingeniería y personas dispuestas a trabajar en condiciones extremas para que tu celular tenga señal.

Esta es la historia de lo que hay detrás de cada torre de telecomunicaciones en Chile. Y de por qué, aunque no las veas, tu vida depende de ellas.
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Una torre no es solo una torre
Cuando miras una torre desde la carretera ves una estructura metálica con antenas. Lo que no ves es el sistema completo que permite que funcione. Las torres que montamos suelen tener entre 26 y 30 metros de altura, y en algunos casos superan los 50. Deben soportar su propio peso, el de los equipos radiantes, el viento, la lluvia, la nieve y, en Chile, una constante que nunca se negocia: los terremotos.
La estructura metálica es el esqueleto. No está ahí para verse bonita. Está diseñada para resistir condiciones que la mayoría de las personas nunca va a experimentar.
Las fundaciones y anclajes son igual de críticos. En un país sísmico como el nuestro, no hay espacio para improvisar. Durante el terremoto de 2010 teníamos torres montadas en la zona de Concepción y Constitución. Cuando logramos llegar —con caminos cortados y un país en emergencia—, seguían en pie. No fue suerte. Fue ingeniería y método.
El corazón técnico de la torre
En una torre se instalan antenas, RRUs, cables y sistemas de transmisión. Cada salto tecnológico —3G, 4G, 5G— ha aumentado el peso, la densidad y la exigencia estructural. El 5G, en particular, no es “poner una antena nueva”: es rediseñar la capacidad completa de la torre.
Al pie de la estructura está el shelter técnico: energía, respaldo, climatización y transmisión de datos. Ahí la señal que captura tu celular se conecta con el resto de la red.
Y para que todo eso pueda instalarse y mantenerse, hay algo imprescindible.

«No montamos fierro. Diseñamos soluciones para que Chile siga conectado, incluso cuando nadie está mirando.»
— Ricardo Allel, CEO de Armatec
La plataforma que hace posible trabajar en altura
Los andamios multidireccionales no son un accesorio. Son la infraestructura temporal que permite que otros puedan trabajar seguros en altura. Para que una antena esté irradiando, alguien tuvo que montar una plataforma estable para que técnicos especializados pudieran hacer su trabajo.
No somos el fin de la red. Somos el medio.
En casi 17 años y más de 12.000 montajes en torres de telecomunicaciones a lo largo de Chile, no hemos tenido fatalidades. Eso no es estadística. Es obsesión por el detalle, certificación permanente y un método propio que prioriza la vida por sobre la velocidad comercial.
De Arica a Magallanes, literalmente
Chile es un desafío geográfico permanente. Operamos de Arica a Magallanes, como dice ese himno glorioso que muchos llevamos tatuado en la memoria. Y no es una frase bonita: es una realidad operativa.
En el norte, la distancia manda. En el desierto más árido del mundo, mover equipos ya es una operación en sí misma. En el centro, la sismicidad obliga a que nada se deje al azar. En el sur, el clima define los tiempos: en Chiloé, como dice el dicho, llueve de lado.
Y Punta Arenas es otro mundo: viento constante, frío extremo y nieve. Un desafío único.
Todo esto ocurre en uno de los países más sísmicos del planeta, donde conviven desierto absoluto, lluvias implacables y vientos que no perdonan errores. Que una estructura en altura se mantenga firme aquí no es casualidad: es ingeniería llevada al límite.

Conocer el riesgo desde adentro
Cuando empecé en telecomunicaciones me tocó hacer site surveys. Subir torres, medir, observar, entender la red desde arriba. Trabajar colgado, sin un espacio realmente estable, con la sensación permanente de que el margen de error era mínimo.
Quienes estuvimos en esto hace años lo sabemos bien: en esa época, cada vez que subías una torre sabías que podía ser la última. La muerte no era una metáfora. Estaba ahí, soplándote al oído, recordándote que cualquier error se paga caro. Gran parte de tu energía se iba en no caerte, en no equivocarte, más que en hacer bien tu trabajo.
Hay oficios donde el riesgo no se evita, se gestiona. Los bomberos no apagan incendios porque ignoren el fuego, sino porque lo conocen mejor que nadie. En altura pasa lo mismo: no se trata de amar el peligro, sino de dominarlo para que nadie más pague el costo.
En Armatec no partimos sintiéndonos seguros en altura. Partimos diseñando, probando, equivocándonos. Creamos una modulación de andamios que no existía. Pieza por pieza, como se arma una torre, hasta lograr una estructura estable donde antes no la había.
Cuando esa estructura estuvo lista me tocó subir. Probarla personalmente. No se me va a olvidar nunca. Por primera vez allá arriba me sentí seguro. Y entendí que algo había cambiado para siempre en telecomunicaciones. No se trataba de vencer el miedo, sino de diseñar una forma de trabajar donde el miedo no tuviera que existir, y el técnico pudiera dedicarse a hacer lo que mejor sabe hacer: conectar Chile.
Los actores invisibles del ecosistema
Cuando piensas en telecomunicaciones, piensas en Entel, Movistar, WOM o Claro. Pero detrás están los fabricantes de equipamiento —Ericsson, Nokia, Huawei, Motorola, ZTE— y un ecosistema técnico que casi nadie ve.
Y están los técnicos, ingenieros y montajistas que suben a 30 metros con viento, lluvia o frío extremo. Esas personas son los verdaderos héroes invisibles de la conectividad.
Nosotros ponemos la plataforma para que ellos puedan trabajar seguros.
La próxima vez que uses tu celular
La próxima vez que hagas una videollamada o envíes un mensaje, levanta la vista. Mira si hay una antena cerca. Un monoposte, una torre. Hoy hay decenas de miles operando en el país, muchas más cerca de ti de lo que crees.
Y piensa esto: para que esa antena esté irradiando, alguien tuvo que montar una plataforma segura para que otros pudieran trabajar en altura.
En Armatec llevamos casi 17 años haciendo exactamente eso. No montamos fierro. Diseñamos soluciones para que Chile siga conectado, incluso cuando nadie está mirando.
Porque la conectividad no es magia.
Es ingeniería, método y personas que saben que su trabajo importa.
Ricardo Allel
CEO Armatec
