En 2025, 225 trabajadores chilenos murieron por accidentes laborales. Un año antes habían sido 158.
No es un error tipográfico. La mortalidad laboral en Chile subió un 42% en un solo año. Y ese número no apareció en los titulares con la urgencia que merece.
Este artículo no pretende hacer marketing con una cifra trágica. Pretende abrirla: entender qué dice ese número, qué no dice, y por qué seguimos normalizando lo que no deberíamos aceptar.
Lo que dice el informe, con precisión
El Informe Anual de Seguridad y Salud en el Trabajo 2025 fue presentado por la Superintendencia de Seguridad Social (SUSESO) el 28 de abril de 2026, en el marco del Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo. Es el balance más reciente disponible, y sus datos corresponden al año calendario 2025.
Durante 2025, el Seguro Social de la Ley N°16.744 protegió a 6.799.806 personas trabajadoras en todo Chile. En ese universo se registraron 215.144 accidentes del trabajo y de trayecto: 153.684 accidentes del trabajo propiamente tales (71%) y 61.460 de trayecto (29%).
La tasa de accidentabilidad laboral se situó en 3,4 accidentes por cada 100 relaciones laborales protegidas, con una leve reducción frente al año anterior. En ese sentido, la tendencia histórica de mejora continúa.
Lo que no continúa en esa dirección es la mortalidad.
En 2025 fallecieron 225 trabajadores por accidentes del trabajo, más 115 por accidentes de trayecto. Solo en accidentes del trabajo, eso representa 67 muertos más que en 2024, cuando el número fue 158. Un aumento del 42% en un año. La tasa de mortalidad subió de 2,4 a 3,3 fallecidos por cada 100.000 trabajadores protegidos, revirtiéndose la tendencia a la baja que se había logrado en los últimos años.
El 95% de quienes murieron por accidentes del trabajo en 2025 fueron hombres.
Eso es lo que dice el informe. Y no es menor.
Las caídas en altura: el riesgo que persiste
Dentro del universo de accidentes graves —aquellos que, por su naturaleza, exigen notificación e investigación obligatoria— el informe 2025 registra 1.770 casos, equivalentes al 1,2% del total de accidentes del trabajo.
De ese total, 498 correspondieron a caídas de altura de más de 1,8 metros. Eso es el 28% de todos los accidentes graves del año. Segunda causa más frecuente de accidente grave en Chile, solo detrás de las amputaciones traumáticas. El 95% de quienes sufrieron un accidente grave por caída en altura fueron hombres.
El informe 2025 no desglosa cuántos de los 225 muertos fallecieron específicamente por caídas, a diferencia del informe anterior que sí lo hacía. Pero la proporción histórica es consistente: las caídas en altura han representado en torno al 30-40% de las muertes laborales directas en los últimos años. Con 225 muertos en 2025, eso implicaría entre 67 y 90 personas fallecidas por esta causa en un solo año. Son estimaciones sobre la base de la serie histórica —no datos confirmados del informe 2025— pero dan escala a lo que estamos hablando.
Lo que sí es dato verificado: 498 accidentes graves por caídas en altura en un año es una cifra que no debería considerarse normal en ninguna industria.
Fuente primaria: Informe Anual SST 2025 — SUSESO, presentado el 28 de abril de 2026. suseso.gob.cl
El aumento de mortalidad: lo que hay que entender antes de reaccionar
El salto de 158 a 225 muertos merece una lectura cuidadosa antes de sacar conclusiones apresuradas.
El informe no identifica una causa única. La SUSESO señala que persisten riesgos críticos en accidentes graves y fatales, a pesar de los avances en reducción de accidentabilidad general. Dicho en términos directos: Chile tiene menos accidentes, pero los que ocurren son más letales, o bien hay factores de subregistro o cambios metodológicos que afectan la comparabilidad interanual.
Lo que sí es claro en el documento es que el sistema enfrenta una doble tensión: por un lado, los riesgos tradicionales —caídas, amputaciones, aplastamientos— que siguen sin resolverse; por otro, riesgos emergentes que el informe identifica explícitamente: salud mental, factores psicosociales, violencia laboral, cambio climático. Las enfermedades profesionales por salud mental pasaron del 50% al 76% del total entre 2020 y 2025.
Son dos conversaciones distintas que Chile necesita tener al mismo tiempo. Este artículo se enfoca en la primera: los riesgos físicos de altura que matan de forma directa y evitable.
El problema no es el arnés
Hay una respuesta fácil para explicar los accidentes en altura, y es la equivocada: «falta de EPP». El equipo de protección personal no es el cuello de botella en Chile. La normativa existe. Los elementos están disponibles y reglamentados. Las mutualidades los exigen.
La normativa chilena vigente sobre andamios —NCh998, DS 594 y el DS N°44— es razonablemente exigente para quien la aplica con rigor. El problema es que «quien la aplica con rigor» no es la norma, sino la excepción.
Hay una brecha entre lo que se certifica en papel y lo que ocurre en la realidad de un montaje. Esa brecha tiene nombre: cultura operacional.
Una cultura operacional deficiente no significa mala fe ni descuido deliberado. Significa que los protocolos se diseñan en oficina y se interpretan en faena. Que el chequeo de andamios se hace rápido cuando hay presión de plazo. Que el supervisor nuevo no quiere frenar el trabajo por una duda. Que nadie actualizó el procedimiento después de que cambió la estructura. Que la capacitación se hizo una vez hace dos años y nunca se renovó.
Cada accidente grave en altura tiene una cadena de decisiones previas. Y casi siempre, esa cadena empieza mucho antes de que el trabajador suba.
Lo que cambia cuando el método es el diferencial
Llevo casi 20 años en esta industria. Vi cómo se construyó desde abajo. Literalmente: empecé en terreno, en una época donde la seguridad era mínima y la única certeza era que si te caías, no volvías.
En Armatec, con más de 17 años de operación y más de 12.000 montajes ejecutados en todo Chile, no hemos tenido ningún accidente laboral. Cero.
No lo digo para presumir. Lo digo porque ese número requiere explicación técnica, no marketing: cada montaje tiene una secuencia de verificación que no se salta, aunque el proyecto tenga urgencia. Cada elemento estructural tiene trazabilidad. Cada técnico que sube a más de 1,8 metros tiene capacitación vigente y revisión de EPP documentada antes del inicio de faena. Cuando hay duda sobre la estabilidad de una estructura, la faena se detiene. Sin negociación.
Eso no es tecnología especial. Es método sostenido en el tiempo. Y el método requiere convicción institucional, no solo buenas intenciones del supervisor de turno.
Lo que el informe SUSESO deja al descubierto, entre líneas, es que muchas empresas en Chile todavía operan con una lógica reactiva: responden cuando hay un incidente, refuerzan cuando hay fiscalización, vuelven al ritmo anterior cuando el foco se apaga. Esa lógica es la que explica por qué la accidentabilidad general mejora, pero la mortalidad puede subir un 42% en un año sin que nadie lo vea venir.
Lo que revelan las tragedias que sí aparecen en los titulares
A fines de 2025, el incendio de Wang Fuk Court en Hong Kong mató a decenas de personas. El fuego saltó de torre en torre a través de andamios de bambú. Un bombero murió intentando salvar vidas. El caso es extremo —los andamios de bambú son una práctica que Chile no utiliza— pero la pregunta que deja es universal: ¿hasta dónde llega la responsabilidad del sistema cuando la estructura de acceso se convierte en el factor de riesgo?
En Chile no tenemos andamios de bambú. Pero tenemos 498 accidentes graves por caídas en un solo año, los mismos procedimientos que se saltan bajo presión de plazo, y la misma dificultad estructural para instalar una cultura de seguridad que no dependa del criterio individual del supervisor de turno.
La diferencia entre Hong Kong y Santiago no es tan grande como nos gustaría creer.
El marco regulatorio que viene: más exigencia, menos margen
El contexto normativo no está estático.
El informe 2025 menciona explícitamente tres instrumentos que estructuran el futuro inmediato del sistema: la Política Nacional de SST 2024-2028 (basada en el Convenio N°187 de la OIT), el Programa Nacional SST 2025-2028 con 115 acciones comprometidas, y el DS N°44 que establece el nuevo marco normativo para la gestión preventiva de riesgos.
La dirección es inequívoca: Chile quiere pasar de una lógica reactiva —que responde a los accidentes después de que ocurren— a una gestión preventiva continua y basada en evidencia. Las metas declaradas para 2028 son concretas: reducir la tasa de accidentabilidad laboral al 2,4% y la tasa de mortalidad a 2,1 por cada 100.000 trabajadores.
Con una tasa de 3,3 en 2025, la distancia respecto a la meta de 2,1 en tres años es significativa. Eso no es una observación crítica; es la medida del trabajo que queda por hacer.
Para quienes quieren entender en detalle qué exige la normativa vigente hoy, el análisis completo de la NCh998, el DS 594 y el DS N°44 está disponible en el blog.
Una lectura desde el sector que menos aparece en los datos
Trabajamos principalmente en telecomunicaciones. Es un sector que casi nunca aparece en los titulares de accidentabilidad, pero que opera con condiciones de altura extrema: torres de 40, 60, 80 metros, en zonas remotas, con plazos ajustados, equipos que rotan y condiciones climáticas que no esperan. Quien quiera entender por qué una torre de telecomunicaciones representa uno de los entornos más exigentes para trabajo en altura puede leer el análisis que publicamos sobre su estructura real.
La invisibilidad estadística del sector no es garantía de seguridad. Es, a veces, resultado de una menor exposición mediática y de cadenas de subcontratación donde la trazabilidad de los incidentes se diluye. Por eso tomamos los datos de SUSESO no como una referencia abstracta, sino como un espejo de lo que podría pasarnos si bajamos la guardia.
225 trabajadores muertos en un año. 67 más que el año anterior. Cada uno de ellos trabajaba para una empresa que probablemente creía que estaba haciendo las cosas bien.
La diferencia entre creer que se hace bien y demostrar que se hace bien es, exactamente, el espacio donde vive la seguridad operacional real.
Lo que debería cambiar después de leer este informe
No como conclusión retórica. Como lista operativa para quien toma decisiones sobre trabajos en altura.
Auditar los procedimientos de verificación previa a faena. ¿Quién los aplica, con qué frecuencia y cómo se documenta? Si la respuesta es «el supervisor de turno lo sabe de memoria», hay un problema de sistema.
Revisar la vigencia de las capacitaciones del equipo. La normativa del DS N°44 exige actualización periódica. Una capacitación de hace dos años, en muchos contextos, ya no cumple los estándares vigentes.
Evaluar al proveedor de estructuras no solo por precio sino por historial verificable. Las cifras de accidentabilidad de un proveedor son información pública. Pedir ese dato antes de contratar no es desconfianza: es diligencia básica.
Entender que el aumento de mortalidad de 2025 no es una anomalía aislada. Es una señal de que la tendencia positiva de los últimos años no está consolidada. El sistema puede retroceder. Y lo hizo.
El informe SUSESO 2025 está disponible en el sitio oficial. Leerlo completo toma menos de una hora. Lo que no tiene precio es decidir qué hacer con lo que dice.
Informe Anual de Seguridad y Salud en el Trabajo 2025, Superintendencia de Seguridad Social (SUSESO). Presentado el 28 de abril de 2026 en el marco del Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo, Santiago de Chile.
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