Movistar se va de Chile y el suelo técnico se mueve

Cuando un operador se va, nada queda igual

Nadie lo dijo así, pero todos lo sintieron. La noticia de que Telefónica, matriz de Movistar, comenzará su retirada de Chile llegó como siempre llegan los cambios profundos—sin estruendo, pero con consecuencias reales. Algunos lo leen como un hito del mercado telco. Yo lo miro desde otro lugar. Desde el terreno. Desde donde la infraestructura respira y no puede fallar.

Trabajo hace 20 años con estructuras en altura y proyectos de telecomunicaciones. En ese mundo nunca hubo (ni habrá) espacio para la improvisación. Una torre no entiende de promesas comerciales. Un andamio no sabe de estrategias financieras. Si un operador sale del mercado, la infraestructura física igual queda ahí, y alguien tendrá que hacerse cargo.

Eso me interesa contar en este primer artículo del nuevo blog de Armatec. Porque estamos frente a una coyuntura que revela una verdad incómoda que muchos prefieren ignorar. La tecnología no flota en el aire. Depende de estructuras concretas, montajes precisos y coordinación humana. Cada antena que permite una videollamada, cada repetidor que sostiene una transacción bancaria, cada torre que mantiene conectada una zona rural durante el invierno tiene detrás un entramado físico que exige respeto técnico.

Movistar podrá irse. Las torres no.

Cambio de operador no significa cambio de realidad

Lo que viene ahora no es una transición comercial, es una transición técnica. Y esta diferencia importa más de lo que parece. Habrá que revisar torres, sistemas de soporte, cableado, anclajes, estructuras multidireccionales y todo lo que sostiene la señal que mueve nuestro día a día. Cuando cambia un operador grande, también cambia la metodología con la que opera la red. Y ahí aparecen los verdaderos riesgos.

Pienso en las auditorías estructurales que tendrán que realizarse antes de que un nuevo operador asuma el control. Me pregunto cuántas de esas estructuras fueron revisadas en los últimos cinco años. Cuántas cumplen con los estándares actuales de carga dinámica. Cuántas fueron diseñadas pensando en 3G y ahora tendrán que soportar la densidad del 5G sin haber pasado por una evaluación de capacidad real.

Luego vienen las adaptaciones a nuevos estándares técnicos, porque cada operador tiene su propio manual de ingeniería. Lo que para uno es un montaje aceptable, para otro puede ser motivo de rechazo. Y en medio de esa negociación técnica está la integración de tecnologías como 5G en estructuras ya existentes, muchas de ellas concebidas en otra época para otras demandas.

Todo esto mientras se mantiene la continuidad del servicio sin detener nada. Porque el país no puede esperar. Las empresas no pueden parar. Las familias no pueden quedar incomunicadas mientras resolvemos problemas de corte estructural.

Ese proceso no es automático. No es copia y pega. Es ingeniería aplicada a la realidad. Y esa realidad necesita experiencia, criterio y precisión. Porque una sola mala decisión en la altura del “arriba” puede tener consecuencias enormes en la vida diaria de los que estamos a ras de suelo.

La obra como espejo de todo lo que puede salir mal

En construcción lo sabemos bien. Un plano que llega tarde, un material no homologado o un proveedor que cambia a último minuto basta para alterar todo el cronograma. En telecom pasa lo mismo, pero con una diferencia brutal que conviene no olvidar. Si en una obra tradicional el retraso afecta la entrega de un proyecto, en telecomunicaciones el retraso afecta la vida diaria de miles de personas.

Recuerdo un proyecto hace unos años en el que tuvimos que desmontar y remontar una estructura completa porque el operador entrante exigía otro tipo de anclaje. No era capricho. Era una norma técnica. Pero nadie lo había previsto en el traspaso. Resultado: tres semanas de trabajo adicional, sobrecostos y una zona sin señal estable durante ese período. Esa experiencia me enseñó algo que ahora parece obvio pero que entonces no lo era tanto. Si no hay coordinación y lenguaje común entre todos los actores, la operación se resiente, y el que paga el precio es siempre el usuario final.

Ahí es donde Armatec puede aportar algo más que servicio. Puede aportar visión. Durante ya casi 17 años hemos montado más de doce mil estructuras en todo Chile y en todo tipo de terrenos. Sabemos que trabajar en altura es trabajar con la cabeza fría y los pies en la tierra. Sabemos que cada torre cuenta una historia técnica distinta y que no existen soluciones universales. Y sabemos que la seguridad no es atributo comercial sino cultura arraigada en cada decisión que tomamos.

Por eso este momento no debería verse sólo como un problema. Puede ser un punto de inflexión para elevar los estándares del sector y evitar que la transición afecte zonas críticas. Pienso por ejemplo en los hospitales que dependen de una conectividad estable para sus sistemas de emergencia. O en las comisarías, donde la comunicación puede ser la diferencia entre llegar a tiempo o no. Pienso en rutas alejadas donde la señal es el único vínculo con el resto del país. En comunidades que necesitan internet estable para sobrevivir al invierno, para estudiar, para trabajar, para existir en el mapa digital.

El cambio de operador no puede dejarlos esperando. No puede convertirse en una estadística fría de «zonas temporalmente sin servicio».

¿Qué deberíamos estar mirando ahora mismo?

Más que mirar la salida de Movistar como final, conviene verlo como una revisión general del sistema. Un chequeo estructural del país. Y aquí vale la pena hacernos algunas preguntas incómodas.

¿Qué tan preparada está nuestra infraestructura para un cambio tan grande? La respuesta honesta es que no lo sabemos. Porque nunca antes un operador de esta magnitud había salido del mercado chileno. Estamos en territorio nuevo, y eso obliga a pensar con anticipación en lugar de reaccionar cuando los problemas ya están encima.

¿Hay protocolos claros para absorber más de mil torres sin interrumpir el servicio? Tendría que haberlos. Pero la existencia de un protocolo en papel no garantiza su efectividad en terreno. Necesitamos equipos que conozcan esas estructuras, que entiendan sus particularidades, que sepan leer el lenguaje de cada montaje porque cada uno tiene su propia lógica constructiva.

¿Las estructuras heredadas están auditadas? Esta pregunta me preocupa especialmente. Porque heredar infraestructura sin auditar es como comprar un auto sin revisión técnica. Puedes descubrir problemas graves cuando ya es demasiado tarde. Y en telecomunicaciones, tarde significa zonas sin servicio, clientes afectados y costos exponenciales de reparación.

¿Alguien está capacitando a los equipos locales para lo que viene? Porque no basta con transferir activos. Hay que transferir conocimiento. Hay que preparar a quienes subirán a esas torres, a quienes revisarán los sistemas, a quienes tomarán decisiones técnicas bajo presión. La capacitación no es gasto, es inversión en continuidad.

Esa conversación tiene que empezar pronto. Y tiene que partir desde terreno, no desde la sala de reuniones donde todo se ve más simple de lo que realmente es.


«La salida de Movistar puede convertirse en una oportunidad para repensar cómo gestionamos la infraestructura telecom en Chile. Si lo hacemos con criterio, planificación y experiencia real, la red no solo puede mantenerse viva. Puede salir fortalecida.»

— Ricardo Allel

Quiero hacer una invitación antes de que la excusa sea «ya es tarde»

Si decidí escribir este artículo es porque creo que lo técnico necesita una voz clara y humana. No para vender, sino para ordenar. Quiero compartir lo que hemos aprendido trabajando en altura, lo que otras industrias podrían adoptar y cómo podemos anticipar los efectos de esta transición sin esperar que el problema estalle.

Me interesa que este blog sea un espacio donde la experiencia de campo dialogue con la estrategia de negocio. Donde los errores se conviertan en aprendizaje compartido. Donde podamos hablar de lo que nadie quiere hablar hasta que se convierte en crisis.

La salida de Movistar puede convertirse en una oportunidad para repensar cómo gestionamos la infraestructura telecom en Chile. Si lo hacemos con criterio, planificación y experiencia real, la red no solo puede mantenerse viva. Puede salir fortalecida. Puede convertirse en referente de cómo hacer las cosas bien incluso en medio de la incertidumbre.

Este es el inicio de una nueva etapa para Armatec. También puede ser el inicio de un debate más amplio sobre lo que sostiene, de verdad, la tecnología que usamos todos los días. Sobre la diferencia entre vender infraestructura y entender infraestructura. Sobre por qué importa que quienes toman decisiones técnicas hayan estado alguna vez a 40 metros de altura con el viento en contra.

Gracias por estar aquí. Y si trabajas en campo técnico, instalación, construcción o telecomunicaciones, tu mirada importa. Este blog está hecho para que podamos pensar juntos antes de que el tiempo empiece a correr. Porque cuando las cosas se mueven tan rápido como ahora, el verdadero lujo no es la velocidad sino la anticipación.

Nos vemos en el próximo artículo. Mientras tanto, las torres siguen ahí. Esperando a quienes las entienden.

Ricardo Allel
CEO and Founder en ARMATEC

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